Cuidar la salud mental se posiciona hoy como un factor tan relevante como proteger el corazón o la piel. Así lo advierten estudios recientes difundidos por la revista médica The Lancet y la Alzheimer’s Association, que destacan que la práctica regular de ejercicios cerebrales puede contribuir a reducir el riesgo de demencia y preservar la memoria, incluso en personas con predisposición genética.
De acuerdo con ambas entidades, la incorporación de hábitos cognitivos activos en la rutina diaria tiene un impacto positivo en la agilidad mental, aunque subrayan que no existe una garantía absoluta de prevención del deterioro cognitivo.
Especialistas coinciden en que este tipo de estimulación difiere de actividades pasivas, como ver televisión. El neurólogo Douglas Scharre, de la Universidad Estatal de Ohio, explica que “aumentar estas conexiones sinápticas podría ayudar a generar reservas”, lo que permitiría al cerebro enfrentar de mejor forma eventos como accidentes cerebrovasculares o enfermedades neurodegenerativas.
En la misma línea, el médico Zaldy S. Tan, del sistema de salud Cedars-Sinai, señala que la memoria es un proceso complejo que involucra múltiples funciones. Según detalla, actividades como cálculos mentales, aprendizaje de idiomas o juegos de lógica estimulan distintos tipos de memoria —episódica, verbal, visual y espacial— de manera diferenciada.
Diez hábitos que fortalecen la memoria
Expertos internacionales identifican una serie de prácticas que, realizadas de forma constante, favorecen la salud cerebral y la plasticidad neuronal:
- Actividad física regular: ejercicios como caminar, nadar o andar en bicicleta durante al menos 30 minutos diarios mejoran la circulación cerebral y reducen el riesgo de deterioro.
- Deportes sociales: disciplinas como tenis, fútbol o pádel combinan ejercicio con interacción, fortaleciendo tanto la coordinación como el bienestar emocional.
- Socialización: el contacto frecuente con otras personas estimula diversas funciones cognitivas y reduce el aislamiento.
- Cálculo mental: resolver operaciones sin calculadora potencia la memoria de trabajo y la función ejecutiva.
- Aprender idiomas: estudiar nuevas lenguas mejora la flexibilidad cognitiva y favorece conexiones neuronales duraderas.
- Juegos de lógica: actividades como sudoku, crucigramas o ajedrez fortalecen el razonamiento y la memoria.
- Música: tocar instrumentos o escuchar melodías estimula la memoria y la atención.
- Meditación: prácticas como el mindfulness ayudan a reducir el estrés y mejorar la concentración.
- Estimulación sensorial: cocinar, pintar o realizar manualidades activa múltiples áreas cerebrales.
- Dormir bien: entre siete y ocho horas de sueño son clave para consolidar recuerdos y eliminar toxinas del cerebro.
Advertencias de los especialistas
Tanto la Alzheimer’s Association como The Lancet coinciden en que la efectividad de estas prácticas depende de su combinación y constancia en el tiempo.
Sin embargo, recalcan que estos hábitos no sustituyen la evaluación médica. Ante señales persistentes de pérdida de memoria u otras alteraciones cognitivas, los expertos recomiendan consultar oportunamente a un profesional de la salud.
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