El llamado “fin del mundo” es una de las preguntas más recurrentes en buscadores y plataformas digitales. En ese contexto, sistemas como ChatGPT, desarrollado por OpenAI, han sido consultados sobre si existe una fecha concreta para el colapso del planeta o del universo. La respuesta es categórica: no hay evidencia científica que permita fijar un día exacto.

De acuerdo con la inteligencia artificial, la comunidad de astrónomos y geólogos coincide en que la Tierra continuará existiendo durante miles de millones de años. Sin embargo, distingue entre la supervivencia del planeta y la continuidad de la civilización humana.

Amenazas reales, pero no inminentes

Entre los riesgos estudiados por la ciencia, la IA menciona fenómenos que podrían afectar seriamente a la humanidad en el corto o mediano plazo:

  • Cambio climático acelerado: incremento extremo de temperaturas, aumento del nivel del mar, fenómenos meteorológicos más intensos, pérdida masiva de biodiversidad y crisis alimentarias. Este escenario podría desestabilizar sociedades, aunque no implicaría la destrucción del planeta.

  • Impacto de un asteroide de gran tamaño: un objeto de más de un kilómetro de diámetro podría generar un “invierno global” y provocar extinciones masivas, como ocurrió con los dinosaurios hace 66 millones de años. Sería devastador para la humanidad, pero la vida podría recuperarse en escalas geológicas.

  • Expansión del Sol: en aproximadamente 5.000 millones de años, el astro se transformará en una gigante roja, volviendo inhabitable la Tierra.

En este último punto existe amplio consenso astronómico: mucho antes de que el universo llegue a su fin, el propio Sol hará imposible la vida en el planeta.

Qué dice la ciencia sobre el destino del universo

Más allá del futuro terrestre, la pregunta sobre el fin del universo ha sido abordada recientemente por investigadores de la Radboud University, en los Países Bajos. El estudio fue publicado en la revista Journal of Cosmology and Astroparticle Physics (JCAP).

Según sus cálculos, el universo podría extinguirse en 10⁷⁸ años, una cifra con 78 ceros. Esta estimación es considerablemente menor que proyecciones anteriores que hablaban de 10¹¹⁰⁰ años.

El autor principal del trabajo, Heino Falcke, explicó que “el fin del universo ocurrirá mucho antes de lo previsto, pero afortunadamente todavía falta muchísimo tiempo”.

La investigación se centró en determinar cuándo desaparecerán los cuerpos celestes más longevos: las enanas blancas. Para ello, el equipo aplicó el concepto de radiación de Hawking, formulado en la década de 1970 por el físico británico Stephen Hawking.

Esta teoría sostiene que los agujeros negros emiten una radiación que provoca su lenta evaporación con el paso del tiempo. Extendiendo ese principio a otros objetos cósmicos, los científicos concluyeron que la duración de estos cuerpos depende de su densidad, lo que permitió calcular un horizonte temporal para su desaparición.

El destino de la Tierra llegará antes

Aunque el final del universo se proyecta en escalas inconcebibles para la mente humana, el futuro de la Tierra tiene plazos más “cercanos” en términos astronómicos.

En alrededor de 1.000 millones de años, el Sol aumentará gradualmente su luminosidad, lo que provocará la evaporación de los océanos y hará inviable la vida tal como la conocemos. Posteriormente, en unos 8.000 millones de años, el astro se expandirá hasta posiblemente engullir el planeta, cuando ya esté estéril.

En síntesis, ni la inteligencia artificial ni la ciencia establecen una fecha inminente para el fin del mundo. Los escenarios más preocupantes para la humanidad —como el cambio climático, una guerra nuclear o el impacto de un gran asteroide— son riesgos que se estudian para su prevención. Los desenlaces cósmicos, en cambio, pertenecen a un futuro tan lejano que, por ahora, siguen siendo materia de investigación más que de alarma.

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