Hay canciones que triunfan porque describen una época y otras que sobreviven precisamente porque consiguen escapar de ella. “¿Y cómo es él?”, escrita por José Luis Perales y publicada en 1982, pertenece a esta segunda categoría. Nació como una canción de encargo, estuvo a punto de ser interpretada por otro artista y terminó transformándose en la composición más emblemática de su autor. Cuatro décadas después, sigue apareciendo en conciertos, programas de televisión, musicales y repertorios de artistas de generaciones y estilos radicalmente diferentes.

Su historia, además, está atravesada por una paradoja extraordinaria: Perales no quería cantarla. El propio compositor ha contado que la pieza fue concebida para Julio Iglesias y que incluso llegó a sentir que estaba interpretando una canción que no le pertenecía emocionalmente. La discográfica, sin embargo, escuchó en ella un éxito y decidió que debía grabarla él mismo. El resultado modificó para siempre la relación entre Perales y una canción que inicialmente había considerado casi ajena.

Una canción nacida de un encargo

Para comprender la historia hay que regresar a 1981, cuando José Luis Perales recibió el encargo de escribir una canción destinada a Julio Iglesias. Según ha explicado el propio compositor en diferentes entrevistas, la petición estaba relacionada con el momento sentimental que atravesaba el cantante madrileño: su separación de Isabel Preysler, quien posteriormente inició una relación con Carlos Falcó, marqués de Griñón.

La canción fue concebida, por tanto, desde la perspectiva de un hombre que contempla cómo la mujer que ama se marcha con otro. El célebre interrogatorio del estribillo —“¿Y cómo es él?”— no nació como una confesión autobiográfica de Perales, sino como un ejercicio de composición destinado a ponerse en la piel de otra persona.

Aquí aparece una de las grandes ironías de la historia: la canción que acabaría identificándose casi exclusivamente con José Luis Perales había sido escrita pensando en la voz de Julio Iglesias.

El compositor ha contado que mostró la canción a los responsables de su compañía y recibió una respuesta decisiva: debía cantarla él mismo. Perales obedeció. Pero no lo hizo convencido de que aquella canción representara su propia historia. Años después reconocería que “yo no quería cantarla” y que incluso su esposa tampoco era partidaria de que la grabara.

La industria, en este caso, tuvo razón.

El secreto de una letra aparentemente sencilla

Parte del poder de “¿Y cómo es él?” está en que su historia puede entenderse en apenas unos segundos. Un hombre se encuentra frente a una mujer que se dispone a marcharse. No hay una gran escena de ruptura, ni insultos, ni una venganza. Hay preguntas.

“¿En qué lugar se enamoró de ti?”

“¿De dónde es?”

“¿A qué dedica el tiempo libre?”

La eficacia narrativa está precisamente en esa cotidianeidad. El protagonista intenta comportarse con serenidad mientras se desmorona emocionalmente. Le dice que se arregle, que se lleve el paraguas, que se abrigue. Incluso se preocupa por cómo debe presentarse ante el hombre que acaba de arrebatarle a la mujer que ama.

La tragedia se encuentra debajo de la conversación doméstica.

Musicalmente, la canción pertenece a la tradición de la balada romántica en español, pero su estructura dramática tiene algo más sofisticado. El narrador no explica sus sentimientos: los deja escapar mediante preguntas y pequeñas instrucciones. El resultado es un retrato de los celos que evita la explosión y apuesta por la contención.

Esa contención es fundamental. El personaje no puede impedir la partida. Lo único que le queda es preguntar quién es el hombre que ocupará su lugar.

La leyenda de la hija: una confusión que ayudó a hacerla universal

Durante décadas circuló una explicación completamente distinta: que “¿Y cómo es él?” había sido escrita por Perales pensando en su hija y en el momento en que esta abandonaría el hogar para comenzar una relación.

La teoría parecía plausible para muchos oyentes. El padre pregunta quién es el hombre que se lleva a su hija y observa con una mezcla de preocupación, tristeza y protección cómo ella se prepara para marcharse.

Pero existe un problema cronológico. Cuando la canción fue publicada en 1982, la hija de Perales, María, tenía apenas tres años. El propio cantante ha utilizado ese dato para desmontar la interpretación autobiográfica. En una entrevista explicó que determinadas frases de la canción sencillamente no tenían sentido si se las aplicaba a una niña de esa edad.

Y, sin embargo, la equivocación resulta reveladora.

Una canción pensada para representar los celos de un hombre podía ser escuchada también como la despedida de un padre. Eso demuestra hasta qué punto la composición consiguió desprenderse de su origen. El público dejó de escuchar a Isabel PreyslerJulio Iglesias o incluso al propio Perales y comenzó a colocar sus propias historias dentro de la canción.

El mismo compositor terminó aceptando esa apropiación emocional. Ha explicado que, cuando una canción llega al público, las personas tienen derecho a interpretarla de la manera que más sentido tenga para ellas.

De canción de encargo a éxito masivo

El tema apareció en el álbum “Entre el agua y el fuego”, publicado en 1982 por Hispavox. La producción estuvo vinculada a Rafael Trabucchelli y Danilo Vaona, dos nombres fundamentales en el sonido de la canción.

En España, el éxito fue lo suficientemente importante como para que “¿Y cómo es él?” alcanzara el número uno de Los 40 Principales el 22 de enero de 1983. La canción permaneció en la cima una semana, antes de ser desplazada por “The Girl Is Mine”, de Michael Jackson y Paul McCartney.

Ese dato resulta significativo porque sitúa a Perales en un escenario dominado simultáneamente por el pop internacional, la nueva música española y las grandes baladas latinoamericanas. No fue simplemente un éxito de un cantante veterano: consiguió ocupar el primer puesto de una de las listas radiofónicas más influyentes de España en plena transformación de la cultura popular.

También tuvo una enorme repercusión internacional y llegó a ocupar los primeros lugares de las listas en países latinoamericanos, especialmente en mercados donde la canción romántica tenía una enorme penetración.

Pero quizá sea más importante lo que ocurrió después: la canción dejó de depender de las listas.

Cuando una canción abandona las listas y entra en la memoria

Las posiciones en un ranking tienen una fecha de caducidad. La memoria popular, no.

En el caso de “¿Y cómo es él?”, la permanencia se puede medir de otra manera: por el número y la diversidad de intérpretes que decidieron apropiársela.

La canción fue grabada por Raphael, quien la incorporó a su repertorio en 1984; posteriormente aparecieron versiones de artistas como Vicente FernándezDavid BisbalMarc Anthony y otros intérpretes.

La canción ha sido reinterpretada además en diferentes contextos televisivos y musicales, lo que contribuyó a mantenerla presente en la cultura popular mucho después de su lanzamiento original.

Esa diversidad explica una parte esencial de su influencia musical. No estamos ante una composición encerrada en el género de la balada española. Puede convertirse en canción ranchera, canción pop, interpretación teatral o salsa porque su núcleo dramático es extremadamente sólido.

La melodía proporciona una estructura reconocible; la letra proporciona el conflicto.

El intérprete puede cambiar.

La historia permanece.

Marc Anthony y la segunda vida de un clásico

La transformación más significativa llegó en 2010, cuando Marc Anthony incluyó “¿Y cómo es él?” en su álbum “Íconos”, dedicado a grandes canciones de la música romántica en español.

La elección no era trivial. Marc Anthony pertenecía a otra generación y a otro universo sonoro: la salsa y el pop latino. Su versión llevó la composición de Perales hacia un territorio rítmico diferente y demostró que la canción podía sobrevivir incluso después de abandonar el molde de la balada original.

La versión de Marc Anthony alcanzó el puesto 38 de Billboard Hot Latin Songs y llegó hasta el número 2 de la lista Latin Pop Songs durante 2010.

La importancia de aquella versión no fue únicamente estadística. Marc Anthony y José Luis Perales terminaron interpretándola juntos en los Latin Grammy de 2010, creando una especie de puente entre dos generaciones de música latina. Posteriormente también compartieron escenario en el Festival de Viña del Mar.

El episodio contiene una ironía preciosa: la canción que Perales había escrito para que otro cantante la hiciera suya terminó regresando décadas después a un intérprete diferente, esta vez convertido en uno de los grandes nombres de la música latina.

Viña del Mar y la memoria colectiva

En Chile, la canción adquirió una dimensión particularmente visible gracias a sus apariciones en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar.

La relación entre Marc Anthony y “¿Y cómo es él?” no quedó limitada a su grabación de estudio. El cantante la ha interpretado en distintos momentos de su carrera, incluido el escenario de la Quinta Vergara.

En 2025, durante su presentación en Viña, volvió a recurrir a la composición de Perales. La reacción del público fue descrita como un gran karaoke colectivo, una imagen que explica mejor que cualquier cifra la condición de clásico popular que había adquirido el tema.

La canción, entonces, ya no pertenecía únicamente a España, ni a Perales, ni siquiera a la generación que la escuchó por primera vez en 1982. Formaba parte de un patrimonio sentimental compartido por varias generaciones latinoamericanas.

Los premios: una distinción importante

Hay que hacer aquí una precisión necesaria para no convertir la leyenda en dato histórico.

“¿Y cómo es él?” no destaca por haber acumulado grandes premios individuales. No existe una base sólida que permita afirmar que la canción haya ganado un Grammy, un Grammy Latino o un premio equivalente específicamente por su composición original de 1982.

Lo que sí ocurrió es algo quizá más importante desde el punto de vista de la historia musical: José Luis Perales recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su carrera, entre ellos el Premio Amigo a la trayectoria en 2001, además de nominaciones posteriores a los Latin Grammy y otros homenajes.

Y la propia canción llegó a escenarios de premios décadas después. La versión de Marc Anthony fue interpretada junto a Perales en los Latin Grammy de 2010, convirtiendo el reconocimiento de la industria en un reconocimiento intergeneracional.

En otras palabras, “¿Y cómo es él?” no necesita una vitrina llena de trofeos para demostrar su importancia. Su premio más duradero ha sido otro: la capacidad de permanecer.

La canción como retrato de una masculinidad vulnerable

Existe además una dimensión social que merece atención.

Diversos análisis académicos de la obra de Perales han estudiado “¿Y cómo es él?” desde perspectivas relacionadas con la masculinidad, las relaciones afectivas y la representación de los sentimientos en la canción popular.

Desde esa perspectiva, la canción puede leerse como un documento de la manera en que la música popular española de finales del siglo XX representaba las emociones masculinas.

Un hombre está celoso, tiene miedo, se siente reemplazado y reconoce que ha perdido. Sin embargo, no utiliza la violencia. No amenaza al rival. No intenta controlar físicamente a la mujer. Su tragedia se expresa mediante preguntas.

Eso no significa que la letra esté completamente fuera de los códigos sentimentales de su época. La metáfora del hombre que “roba” una vida o un amor pertenece a una tradición de canciones de desamor en la que la pareja puede aparecer como objeto de disputa. Pero la vulnerabilidad del narrador introduce un elemento diferente: el hombre no es invulnerable ni triunfante. Está perdiendo y lo sabe.

La canción convierte esa derrota en melodía.

El misterio de por qué sigue funcionando

El propio Perales ha ofrecido una posible explicación de la longevidad de sus canciones. En una entrevista afirmó que un clásico necesita “mucha verdad”, una historia con la que la gente pueda identificarse y que sea capaz de superar las modas.

Ese concepto resulta especialmente adecuado para “¿Y cómo es él?”.

No hace falta haber vivido exactamente la historia de la canción para reconocer la emoción. Cualquiera puede comprender la sensación de ser sustituido, de observar cómo alguien que amamos elige otro camino o de preguntarnos quién es la persona que ocupa ahora nuestro lugar.

La canción tampoco necesita describir exhaustivamente una ruptura. Le basta con capturar el instante inmediatamente anterior a la despedida.

Ese instante es universal.

De los ochenta al streaming

El paso del tiempo tampoco ha borrado la canción del consumo digital. En plataformas como Spotify, la grabación de Perales continúa acumulando cientos de millones de reproducciones.

En YouTube, el canal oficial de José Luis Perales también registra una cifra extraordinaria para la canción, con más de cien millones de visualizaciones.

Son cifras especialmente significativas porque proceden de una obra creada mucho antes de que existieran YouTube, Spotify o las actuales plataformas de streaming.

La canción ha atravesado, por tanto, la radio, el vinilo, el casete, el CD, la televisión, los musicales, YouTube y el streaming.

Cada soporte le ha dado una nueva vida.

Del disco al teatro: cuando la canción se convierte en personaje

Otro indicador de influencia es su entrada en el teatro musical.

Desde 2009“¿Y cómo es él?” forma parte de “Mentiras”, el exitoso musical mexicano construido alrededor de canciones populares de la década de 1980.

Esto cambia la naturaleza de la composición. Una canción concebida originalmente como monólogo sentimental pasa a integrarse en una dramaturgia colectiva. Ya no solamente representa a un hombre que pierde a una mujer: se convierte en una pieza de un universo narrativo construido con canciones que el público ya conoce.

Es uno de los destinos más interesantes para una canción popular: dejar de ser simplemente una grabación y convertirse en material dramático.

La influencia: más allá de las versiones

Hablar de influencia musical no significa únicamente contar cuántos artistas hicieron una versión.

En el caso de “¿Y cómo es él?”, la influencia se encuentra en haber consolidado una fórmula narrativa que sigue siendo reconocible: una escena cotidiana, una conversación aparentemente sencilla y una emoción devastadora escondida debajo.

Perales demostró que una balada no necesitaba recurrir a grandes metáforas para resultar memorable. Podía construirse con preguntas domésticas y detalles pequeños.

El paraguas.

El vestido.

El viaje.

El hombre que espera.

La mujer que se marcha.

Y una pregunta que concentra toda la desesperación: “¿Y cómo es él?”

La canción también demostró que una composición española podía viajar con enorme facilidad por América Latina. El hecho de que haya sido interpretada por figuras asociadas a la canción melódica, la ranchera, el pop y la salsa evidencia una flexibilidad poco común.

Una canción que Perales tuvo que aprender a querer

Quizá la anécdota más reveladora de toda esta historia sea precisamente la resistencia inicial de su autor.

Perales ha dicho que la canción se convirtió en una especie de “cruz” porque no quería cantarla y porque sentía que no tenía que ver con él.

Sin embargo, terminó siendo uno de los temas que el público esperaba escuchar inevitablemente.

En otra entrevista llegó a bromear con que debía cantarla porque, de lo contrario, “el público me mata”.

Hay algo profundamente significativo en esa contradicción. El compositor puede decidir cómo nace una canción, pero no puede decidir qué significado adquirirá después.

Perales escribió la historia. El público escribió la leyenda.

Y quizá por eso la canción sobrevivió a su propia explicación.

Epílogo: el hombre detrás de la pregunta

La historia de “¿Y cómo es él?” puede contarse como una sucesión de casualidades: un encargo para Julio Iglesias, una discográfica que decide que debe cantarla su propio autor, una canción que alcanza el número uno, una falsa interpretación sobre la hija de Perales, múltiples versiones, una adaptación teatral, una nueva vida con Marc Anthony, apariciones en Latin Grammy y Viña del Mar, y finalmente millones de reproducciones en plataformas digitales.

Pero todas esas circunstancias apuntan a una conclusión más profunda.

El verdadero éxito de “¿Y cómo es él?” no está en que haya sobrevivido más de cuatro décadas desde su publicación. Está en que cada generación ha encontrado una forma distinta de reconocerse en ella.

Para unos es una canción de celos.

Para otros, una despedida.

Para otros, el retrato de un padre que teme perder a su hija.

Para otros, una canción romántica.

Y para otros, simplemente uno de los grandes clásicos de la música en español.

Su autor conoce mejor que nadie la paradoja. La canción que menos quería cantar terminó siendo la que el público nunca quiso dejar de escuchar.

Esa es, probablemente, la mayor prueba de que “¿Y cómo es él?” dejó de pertenecer a José Luis Perales hace mucho tiempo. Primero perteneció a 1982. Después a España. Luego a América Latina. Y finalmente a cualquiera que alguna vez haya contemplado cómo alguien que amaba se marchaba mientras solo podía hacer una cosa: preguntar, aunque supiera que la respuesta iba a doler.

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