Un hábito cotidiano como preparar una taza de café podría tener implicancias más profundas de lo que parece. Más allá de ser una rutina diaria o una fuente de energía, nuevas evidencias científicas sugieren que su consumo moderado podría contribuir a reducir el riesgo de trastornos como la depresión y la ansiedad.
Así lo plantea una investigación reciente publicada en el Journal of Affective Disorders, que analizó durante más de una década los patrones de consumo de café en una amplia población adulta.
Un seguimiento a gran escala durante más de 13 años
El estudio fue liderado por Berty Ruping Song, de la Universidad Fudan, y se basó en datos de 461.586 adultos que, al inicio del análisis, no presentaban trastornos del estado de ánimo ni altos niveles de estrés.
A lo largo de más de 13 años, los investigadores evaluaron la relación entre la cantidad y el tipo de café consumido y la aparición de nuevas afecciones de salud mental.
El resultado principal fue claro: quienes consumían entre dos y tres tazas diarias presentaban el menor riesgo de desarrollar depresión o ansiedad.
Una relación en forma de “J”
El equipo describió el vínculo entre café y salud mental como una curva particular.
“La relación entre el consumo de café y los problemas de salud mental siguió una curva en forma de J”, señalaron los autores.
“El riesgo disminuye con niveles moderados, pero vuelve a aumentar cuando el consumo es elevado”.
Esto implica que tanto la ausencia total de café como su consumo excesivo podrían no ser las mejores opciones para el bienestar psicológico.
El rol de la cafeína y las diferencias por tipo de café
Los resultados mostraron que el efecto protector se mantenía tanto en el café molido como en el instantáneo. Sin embargo, el café descafeinado no presentó una asociación significativa con la reducción del riesgo.
Este hallazgo sugiere que la cafeína, junto con otros compuestos bioactivos presentes en la bebida, desempeña un papel clave.
Factores individuales y diferencias entre hombres y mujeres
Uno de los aspectos más destacados del estudio fue su capacidad para ajustar múltiples variables, como edad, estilo de vida y condiciones de salud preexistentes.
“Los efectos se mantuvieron tras ajustar por edad, origen étnico, educación, consumo de tabaco y alcohol, sueño, actividad física y enfermedades como hipertensión o diabetes tipo 2”, detalló el informe.
Además, el efecto protector del café fue más pronunciado en hombres que en mujeres, aunque las razones de esta diferencia aún no están completamente claras.
Los investigadores también analizaron factores genéticos relacionados con la metabolización de la cafeína, sin encontrar diferencias relevantes entre quienes la procesan más rápido o más lento.
Más de 36 mil casos analizados
Durante el período de seguimiento, se registraron 18.220 nuevos casos de trastornos del ánimo y 18.547 trastornos relacionados con el estrés, lo que permitió consolidar la solidez estadística del análisis.
Posibles mecanismos biológicos
El estudio también exploró las razones detrás de estos efectos. El café contiene más de mil compuestos bioactivos que podrían influir en el organismo.
Entre los hallazgos, se observó que su consumo se asocia con niveles más bajos de inflamación y una mejor función renal, factores que pueden contribuir a la salud cerebral.
Asimismo, la cafeína estimula receptores en el cerebro vinculados con el estado de alerta y la regulación del ánimo.
El riesgo del consumo excesivo
Pese a los beneficios observados, los investigadores advierten sobre los efectos negativos de ingerir grandes cantidades de café.
“El consumo por encima de cinco tazas diarias revierte el beneficio y se asocia a un mayor riesgo de problemas mentales”, indicaron.
El exceso de cafeína podría aumentar la liberación de hormonas como el cortisol, relacionadas con el estrés.
Limitaciones del estudio
A pesar de su масштаб y duración, los autores reconocen que se trata de un estudio observacional, lo que impide establecer una relación directa de causa y efecto.
“No se puede descartar que las personas con peor salud mental reduzcan su consumo de café”, advierten.
También señalaron que la mayoría de los participantes eran adultos blancos y, en general, más saludables que el promedio, lo que limita la extrapolación de los resultados a otras poblaciones.
Un aporte al debate sobre hábitos y salud mental
Más allá de sus limitaciones, la investigación aporta nuevos elementos al debate sobre el impacto de la alimentación y los hábitos cotidianos en la salud mental.
Los resultados podrían ser útiles para profesionales de la salud al momento de orientar recomendaciones sobre estilo de vida, reforzando la idea de que incluso pequeños hábitos diarios —como tomar café— pueden tener efectos significativos en el bienestar general.
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