En 1983, durante un concierto del legendario James Brown, se vivió uno de los episodios más comentados de la música pop. El intérprete de “Living in America” invitó al escenario a Michael Jackson, quien a su vez insistió en que también subiera Prince, pese a que éste se encontraba visiblemente ebrio.

El resultado fue un espectáculo incómodo: “Prince no conseguía hacer sonar su guitarra, se quitó la camisa y realizó un montón de poses y trucos con el micrófono. Después de la impresionante actuación estrella de Michael, Prince no pudo haberlo hecho peor”, relató el productor L.A. Reid en su libro “Sing To Me”. El propio Michael Jackson recordaría más tarde: “Él hizo el ridículo. Fue un chiste”.

La tensión no terminó ahí. Según el productor Quincy Jones, esa misma noche Prince habría esperado a Jackson en el estacionamiento e intentado atropellarlo con su limusina, enfurecido por lo que consideraba una “encerrona” ideada por el “Rey del Pop”.

Con el paso del tiempo, Michael Jackson reconoció que la rivalidad con Prince se debía a actitudes groseras hacia él y su familia. Ambos artistas detestaban ser comparados: mientras Prince vivía bajo la sombra del éxito comercial de Jackson, éste era visto más como un “entretenedor”, lejos de la integridad artística que la prensa atribuía al autor de “Purple Rain”.

La competencia, sin embargo, tuvo un efecto positivo: en los años 80′, tanto Michael Jackson como Prince lanzaron los álbumes más emblemáticos de sus carreras. Así, aquella rivalidad se transformó en parte del rico anecdotario musical de la década, alimentando la creatividad de dos de los artistas más influyentes de la historia del pop.

Síguenos en Instagram